
Tareas de la viña que no son la vendimia
febrero 4, 2026Cañamero, pueblo del vino

“Cañamero, Pueblo del vino”. Eso es lo que pone en un cartel en el borde del término municipal, según vienes desde Guadalupe. Y es una de las cosas que la gente sabe de Cañamero por toda la provincia, haciendo que el vino de Cañamero sea casi sinónimo con el vino de pitarra.
Una búsqueda rápida por internet apunta que hay entre tres y cinco bodegas, según quién haya hecho la lista y qué haya elegido destacar. Las que no faltan, claro está, son las más grandes: Ruiz Torres, Cañalva y Agapita Rubio. Las que siempre faltan, cómo no, son las más pequeñas.
Según una estimación que me estoy sacando un poco de la manga ahora mismo tirando de memoria de las bodegas que conozco o de las que he oído hablar en el pueblo, hay por lo menos diez bodegas en funcionamiento en Cañamero. Y eso, las que están dadas de alta y comercializan sus vinos de una forma u otra. No estoy contando las bodegas familiares que hacen vino para su consumo propio y no lo venden.
Solo en la Raña de Cañamero, que yo sepa, hay tres. Una ya la he nombrado y las otras dos somos Alto Coronito, de un joven enólogo local y amigo nuestro, y la nuestra: Bodega Felipe Cerro Audije.
Como cabe esperarse, cuanto más nos alejamos del pueblo, menos gente sabe que “en Cañamero se hace buen vino”, pero tal vez no tan esperado es que cuanto más nos alejamos de la provincia, más fácil es oír “¡anda! No sabía yo que se hacía vino en Extremadura”. Un comentario interesante dado que se hace vino prácticamente en toda Europa a nada que hace sol y sobreviven las plantas. Se hace ya vino en sitios de lo más inverosímil por todo el mundo, pero Extremadura sigue sorprendiendo.
Sin entrar en los vinos extremeños, que merecen su propio artículo, hablaré un poco de la historia del vino en Cañamero porque es también la mía y la de esta bodega, claro.
Situación geográfica y clima
Sabes que este va a ser un artículo de calidad cuando empiezas a comentar la historia de un lugar con su formación geológica. Pero poco y por encima
Cañamero se encuentra en una ubicación privilegiada: a la puerta de Las Villuercas. Su término municipal incluye montañas, pero también valles, llanuras y altiplanos que disfrutan de un clima muy propicio: llueve muchísimo durante unos nueve meses al año (más de 700 litros anuales caen por aquí) y hace sol y calor en verano.
No todas las tierras son fértiles ya que tenemos uno de los suelos más antiguos de Europa, pero muchos terrenos (como el nuestro) cuentan con una capa de arcilla que acumula el agua de las lluvias en invierno y sirve de “riego” para el verano.
El monasterio de Guadalupe
Una de las cosas que, sin duda, hacen de esta zona una zona de vino es la influencia del Monasterio de Guadalupe ya que los monjes hacían vino en la Edad Media y se tiene constancia de compras de viñedos por parte del monasterio a vecinos de la zona a principios del siglo XV.
Según la tesis “La elaboración y consumo de vino en el monasterio de Guadalupe en la Baja Edad Media” de María de los Ángeles Sánchez Rubio y de María Filomena Cerro Herranz (1984), en el momento de la vendimia el monasterio contrataba a 25 vendimiadores y 500 vendimiadoras a jornal. Para que luego se diga que las mujeres empezaron a trabajar en el siglo XX.
Como vemos, y sabiendo que los territorios del monasterio llegaban a Talavera de la Reina y Trujillo, ya se hacía vino antes por toda la comarca, sin el auspicio de los monjes, pero lo que está claro es que se ha seguido haciendo vino después.
La colonia de Cañamero
A principios del siglo XX se llevó a cabo un proyecto pionero en España para repartir tierras comunes entre las familias pobres de varias localidades. Era un proyecto a largo plazo y, al final, solo siguieron en él dos pueblos. Uno de ellos fue Cañamero. El proyecto en cuestión consistía en crear parcelas de unas 3 hectáreas donde plantar cultivos que se dieran bien y sirvieran para dar un sustento a sus propietarios. Para ello, vinieron ingenieros agrónomos que decidieron que las fincas tendrían cultivo asociado de viña, higuera y olivo.

Así, en 1924 se finalizó el reparto de tierras con sus cultivos y dos tercios del pueblo se beneficiaron de tener un terreno del que vivir. Era lo suficientemente pequeño para que una familia pudiera llevarlo sin problema y lo suficientemente grande para que pudiera vender el excedente de producción.
Esto significa que, aproximadamente, dos tercios del pueblo elaboraban su propio vino y su propio aceite, así que todas aquellas familias que tuvieran excedente lo podían vender.
De esta forma, una anécdota habitual entre la gente mayor que se acuerda de “los vinos de Cañamero” es que podías venir a Cañamero de paso y comprar vino con facilidad. Seguramente cada cual tuviera su favorito, pero lo que estaba claro es que era de los pueblos de Las Villuercas donde más vino había.
Los pioneros del vino (según Peñín)
En 1980, antes de la edición de su guía de vinos más famosa, José Peñín ya había publicado un “Manual de vinos españoles”. No os lo vais a creer: en los ochenta en Extremadura se hacía vino y así lo refleja Peñín en su guía con bastante detalle mencionando lugares “además de Montánchez y Cañamero”. Un no parar, vaya, se hace vino hasta en Tierra de Barros.
Cito directamente “Los vinos de Cañamero constituyen una de las innumerables riquezas vitícolas de España, puede decirse que únicos en su clase, y poco estudiados”. Ahí es nada.
Pero volvamos al punto de este apartado: “Antes de la Dictadura de Primo de Rivera, en el pueblo de Cañamero comenzaron a plantar viñas con cierta entidad unos vecinos que podemos considerar los pioneros de dicho cultivo y de las bodegas cañameranas. Estos fueron D. Manuel Rodríguez, D. Matías (el médico), D. Domingo (el cursa) y D. Alejando Audije”.
D. Alejandro Audije, mi tatarabuelo. Y aunque la viña que nosotros trabajamos no es la que trabajaba él, sí la plantó mi abuelo hace más de 50 años para seguir con el negocio de su suegra.
El vino que hacemos nosotros es prácticamente el mismo que hacían estos pioneros. Con más conocimiento acumulado tal vez, pero las mismas variedades de uva y las mismas técnicas: sin barricas de madera, sin añadir sulfitos ni levaduras (porque esto es cosa moderna, antes no había), sin filtrar ni clarificar.
Es nuestro orgullo que la gente mayor de la zona lo reconozca como un vino que hacía mucho tiempo que no tomaban. Y es que, a pesar de nuestras innovaciones, sigue siendo un vino de Cañamero de toda la vida.


